25.7.05

RECUERDOS

A continuación transcribo escrito de un vecino de Torrelodones y activo participante del foro torrelodones2005@yahoo.es, al que tenemos que agradecer que comparta con nosotros sus vivencias y recuerdos de niño en este pueblo y así podamos conocer un poquito mejor y querer un poquito más este Torrelodones.
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Antes de que el Canto del Pico fuese incendiado, poseía cierto encanto, hasta casi diría fantas- magórico, después de la desgracia, ya no es lo que era... Quizás hasta haya perdido ese tenebroso aspecto con el que yo soñaba de niño.

Se decía que por las noches se apreciaban unas luces de las velas de un candelabro que paseaba por sus habitaciones en los duros inviernos de entónces. Ahora, ni las bombillas halógenas se atreven a iluminar esta belleza durante ninguna noche del año. Casi, casi, que me quedaba con aquél supuesto fantasma.


Y luego dicen que Torrelodones apenas ha cambiado, já, esta es la plaza del Caño, mi padre con su prima en el único medio de transporte (sin pedaleo) que había, no era contaminante en su

totalidad, ya que, según mi abuela, cada vez que "Nicanor" (el burro) hacía sus necesidades en la puerta de casa, no había quien resistiera su "embriagdor perfume". Pero... Todo tiene sus más y sus menos... ¿no?


La Casa de Félix y Leo. Los sacristánes del Pueblo. Él, era un auténtico carpintero que una vez terminado su trabajo, dedicaba el resto de su tiempo al mantenimiento de la Iglesia. Y ella, Leo, la mujer que más nos ha podido mimar a mi y a mis hermanos, su trabajo era el propio de una mujer que no solo mantenía el duro trabajo de cuidar de sus hijos y de su marido, sino de el propio Don Francisco, párroco que vivió durante su estancia en Torrelodones en esta vivienda de ensueño.


Leo fue de las personas que más me enseñó acerca de la vida en un corral, de dar de comer al cerdo de cada año en la cochiquera, a los conejos en sus jaulas y, por supuesto de regañarnos por hacer rabiar a las gallinas y al gallo.

Don Francisco (para muchos de los "modernillos" el cura "Paco"), fue el sacerdote que en 1.961
casó a mis padres en la Glorieta de Iglesia en Madrid, me bautizó allí mismo y, para más INRI, me confirmó y me caso en Torrelodones. Obviamente tengo un gran recuerdo de Don Francisco.

No digo nada acerca de El Torreón, no sé la cantidad de veces que habré pasado la noche en lo más alto de su torre observando las estrellas, tanto en verano con la brisa nocturna sobre el rostro, como en invierno, encendiendo su chimenea en el interior de este testigo inquietante.


Gallocluecoconwebos

1 Comments:

At 1:27 p. m., Anonymous Anónimo said...

Este articulo me parece muy bonito, porque demuestra que todavía hay gente con sensibilidad y con mucha nostalgia, que se resisten a aceptar la transformación ( traducida en su mayor parte en deterioro) del pueblo donde ha transcurrido su infancia.
Un deterioro( desaparición de casas tipicas de la zona,destrucción de masas arbóreas, voladura de montes, contaminación de riachuelos, etc,etc..), que podría haberse evitado, si los que nos gobiernan tuvieran conciencia social y medioambiental, de que hay que preservar y cuidar lo que recibimos para poder dejarlo en herencia, sino en mejores condiciones, al menos en las mismas.
Todos somos responsables de cuidar lo que tenemos y tenemos que empezar por cuidar nuestro entorno inmediato, pero también se tienen que implantar leyes que permitan dicho cuidado por que está claro el refrán de "Donde fueres, haz lo que vieres" y si los propios vecinos cuidamos nuestro entorno, los visitantes harán lo mismo.

 

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